Pensamiento y acción en el siglo XXI

Todos sabemos que las guerras se desatan siempre por intereses económicos. La beligerancia no es sólo armamentística. Pueden ser mediáticas o asistidas por el poder judicial. Los asaltantes contemporáneos no usan antifaces, como tampoco lo hicieron los conquistadores y colonizadores de antaño, que construyeron imperios, ya fueran españoles, ingleses, franceses, holandeses o portugueses venidos a nuestro continente para depredar el oro y la plata, para esclavizar o traer esclavos de África a Nuestra América a fin de trabajar la tierra, de la cual se apropiaron y llevarse el fruto a sus países.

Ahora, con la globalización o la globocolonización, como la denominara  Frei Betto, se instituye la nueva teología del mercado. Se pretende seguir canjeando oro negro por cuentas de vidrio, para seguir depredando y destruyendo toda civilización que no se alinee con el capitalismo financiero salvaje. A los ya conocidos europeos ahora los conduce el imperio norteamericano.

Bárbaro, fue la denominación antigua para los extranjeros, pero en nuestras latitudes, muchos adoptaron esa palabra para denigrar a los rebeldes nativos que se opusieron a la entrada de los saqueadores portadores de la civilización occidental dominante.

Todo aquel pueblo y civilización que no comparta la posición capitalista occidental y que posea petróleo, o sea el oro negro, será pasible de ser acosado y deslegitimado. Sostienen que son pueblos que pretenden autonomía y soberanía, que no aceptan las recetas del Fondo Monetario Internacional, que tiene la palabra del Mercado como nuevo Dios. Para Frei Betto no es la economía la que se mundializa, sino el mundo que se economiza. Los pueblos, sus culturas, sus religiones deben someterse al nuevo destino, endeudarse y pagar.

Dicha ambición está nuevamente legitimada por el poder letrado acompañando misiones bárbaras para discutir soberanía, posesiones, atribuciones, derechos, premios y castigos a quienes no profesen ese credo.

El “riesgo país”, no significa para el poderoso el riesgo de que un pueblo pase penurias, sino la cifra que no le cierra al Mercado globocolonizador. Para evitarlo, los pueblos deben ajustarse el cinturón, los gobiernos deben reducir salarios, dejar sin empleo a millones de personas a fin de ampliar el poderío del Mercado, reduciendo o desconociendo las organizaciones sociales e instituciones desarrolladas para el bien público así como los derechos sociales adquiridos.

La universalización de conceptos surgidos de otras historias, constituye otro “Asalto a la razón”, es el asalto a la razón histórica y humana por parte de la razón técnica instrumental capitalista e imperial. Lamentablemente, la razón instrumental, las leyes objetivas del capitalismo que buscan el mayor beneficio para algunos, nada tienen que ver con lo humano y menos aún con los derechos humanos.

Las estadísticas miden todo menos la vida. Esa razón técnica legalizada y positivizada comienza a confrontar con la legitimidad social que es metajurídica (que implica no sólo legalidad sino la justicia distributiva para el bienestar de la polis desde Aristóteles) al entrar en contradicción con los valores humanos y colocándose por encima de ellos, instalando su superioridad y deslegitimando la voluntad política de los pueblos de América Latina de lograr el bien común. Así se criminalizan las políticas públicas, usando artilugios pseudo legales para derogar gobiernos, proscribir, deslegitimar o encarcelar a quienes osaron transgredir las reglas del Fondo Monetario Internacional.

Alan Wolfe, cuando analiza los límites de la legitimidad en el capitalismo contemporáneo sostiene que “las batallas inmediatas se llevarán a cabo con relación al tipo de opción que el estado puede manejar...y la gente común tendrá mucho más que decir sobre el futuro político del capitalismo tardío que las élites dominantes”[1].

Para el autor, el ataque al punto más democrático es el recortar o abogar por un menor gasto gubernamental en los programas sociales cuando “lo que está en juego no es una abstracción “llamada “gasto” o política”, sino las necesidades reales de la gente real” cuando tendría que preservarlos y expandirlos. Los sueños democráticos son una necesidad humana y se pregunta cuál es la condición de esos sueños en el capitalismo tardío y si será la presión de los de abajo capaz de neutralizar las inclinaciones autoritarias de las clases dominantes para esperar el futuro con alegría más que con temor…

Defendiendo y dando razones para una perspectiva socialdemócrata y el estado de bienestar, sostiene que en un periodo de recesión “existen todas las razones por las que sería razonable expandir más que contraer, la educación superior pública”…Finalmente nos dice que “la mayoría de la gente parece haber olvidado que el estado les debe una vida decente, con todos los servicios sociales que tienen derecho a reclamar”, y puesto que lo han olvidado, el primer paso es una estrategia tendiente a superar la desmoralización que se ha perdido.

Quienes nos dedicamos a enseñar seguimos la recomendación del historicista Herder que nos decía: “No te desesperes dentro de la fermentación de la época. A pesar de las amenazas y obstáculos, no dejes de educar. Educa tanto mejor, con la mayor seguridad, con la mayor energía, educa para todas las situaciones, teniendo en cuenta todas las miserias en que pueda verse arrojado, para las tormentas que le esperan. De ningún modo puedes quedarte inactivo. Tienes que educar; bien o mal tienes que hacerlo”[2].

La propuesta de Perón constituyó un prólogo en la historia de nuestra Nación. Deberemos, las generaciones actuales y venideras, comprometernos a continuar haciendo la historia, pensando y actuando para construir y proteger nuestra Casa Común que construya una Patria justa, libre y soberana. Ese será nuestro mejor y verdadero homenaje.

[1] Wolfe, Alan: Los límites de la legitimidad, las contradicciones políticas del capitalismo contemporáneo, Siglo XXI, México, 1980
[2] Herder, J. G. (2007). Filosofía de la historia para la educación de la Humanidad. Sevilla: Espuela de Plata.
ACERCA DEL CONGRESO
ACTAS DEL CONGRESO DE 1949